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La importancia de creernos que estamos avanzando y sentirnos merecedores

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El otro día tuve una consulta con una clienta con la cuál llevo tiempo trabajando. Esta persona acudió a mí porque desde hacía un tiempo le daba miedo conducir. Había pasado de coger el coche sin problema a de repente no atreverse.  Cuando empezamos a trabajar en sesión, tomó conciencia de que conducir, era casi “lo menos importante” de todo lo que la pasaba. Es decir, su objetivo era la consecuencia de otros problemas.

Quiero aclarar la frase de “lo menos importante”. Cuando empezamos la consulta y le empecé a preguntar por más aspectos de su vida, me comentó que no tenía trabajo, que le daba miedo quedarse sola en casa, que no se atrevía a bajar al parque con sus hijos, y un largo etcétera.  Entonces yo la pregunté, ¿de qué te vale conducir si no vives? ¿De qué te vale conducir si no disfrutas con tus hijos? Ella había notado que de un tiempo a aquí no cogía el coche, pero no se había dado cuenta de que, con ello, había perdido seguridad y confianza en otros aspectos de su vida. La autoestima de esta clienta en esos momentos era muy baja.

Bien, pues resulta que el otro día empezamos la sesión y me dice que sigue sin poder conducir y que la preocupa puesto que quiere ir al trabajo en coche, cosa que a mí me parecía muy importante. Al rato de ir trabajando y hablando sobre el tema me dice, “No, si ya cojo el coche para ir hasta casa de una amiga”, “Si ya cojo el coche para ir a comprar”, “Si ya me doy vueltas con el coche”. Mi cara fue de sorpresa, porque llevaba un buen rato de la sesión diciéndome que no conducía. La dije, “Para, para, ¿estás cogiendo el coche?” a lo que me contestó que sí. Y la dije, “¿y eso para ti no es conducir?”, “¿y eso no es importante para ti cuando hace un mes ni te lo planteabas?”. A lo que me contestó: “bueno, pero quiero cogerlo más tiempo”.  La dije que me parecía perfecto que quisiera mejorar su objetivo, pero que el que ya cogiera el coche a ratos era muy importante y digno de felicitación puesto que hacía meses que era incapaz de coger incluso las llaves del coche.

La expliqué que cuando empezamos no salía con sus hijos, ahora iba con ellos al parque y disfrutaba con ellos. La dije que hacía meses no era capaz de quedarse sola en casa, y ahora estaba feliz con su propia compañía y disfruta de sus momentos de soledad. La dije que hacía tiempo que no cogía le coche y llevaba aparcado meses en la puerta de su casa y ahora das vueltas con él. ¿Entonces qué pasa?, la pregunté.  

“Que no me siento merecedora de nada de lo que hago”. ¡Ahá! Aquí está el quid de la cuestión, por mucho que avanzábamos ella sentía que no había logrado nada. No se felicitaba por los avances, pese a todo lo que había conseguido, sentía que todo era un fracaso y que no se merecía nada de lo que la pasaba.

Que la clienta me dijera que no se sentía merecedora fue un gran avance puesto que hasta ese día no supo reconocer que no se valoraba, iba por la vida sin más, no se sentía merecedora de este regalo llamado vida.

Trabajamos con su niña interior, una niña que sentía que no la habían valorado ni felicitado cuando era pequeña por los logros que conseguía, pero que, sin embargo, ahora de adulta se da cuenta de que sus padres lo hicieron lo mejor que supieron y pudieron.  Una mujer que ahora de adulta abraza a esa niña y es capaz ver lo que la pasaba con otros ojos, y que juntas van a volver a sentirse merecedoras y van a volver a disfrutar de la vida que tanto se merecen.

¿Te felicitas por tus logros? ¿Te sientes merecedora de lograr tus objetivos?

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